Edward Bach I. Vídeo: Su vida. E. Florales. Escritos y conferencias.

Edward Bach. Elixires Florales. 1.

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Historia y forma de obtención.

Edward Bach. Elixires Florales. 2.

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Elixires Florales.


LA HISTORIA DEL CAMINANTE. 

UNA ALEGORÍA DE LOS REMEDIOS. 
Edward Bach. (1934)

Erase una vez hace ya mucho tiempo que dieciséis caminantes se dispusieron a hacer un viaje a través del bosque.

Al principio iba todo bien, pero después de que hubieran recorrido un buen trayecto comenzó uno de ellos, la agrimonia, a preocuparse de si habían escogido el camino correcto o no. Más tarde, después de comer, cuando iba oscureciendo cada vez más, el mímulo tuvo miedo de que hubieran perdido el camino. Cuando se puso el sol y la oscuridad era cada vez mayor, comenzando ya a oírse los ruidos nocturnos del bosque, tuvo el heliantemo miedo y fue presa del pánico. En medio de la noche, cuando todo se había vuelto totalmente oscuro, la aulaga perdió todas sus esperanzas y dijo: “No puedo seguir. Continuad vosotros, yo prefiero quedarme aquí, donde estoy hasta que la muerte me libere de mi padecimiento.”
Por otra parte, el roble, aun habiendo perdido todas las esperanzas y creyendo no volver a ver más la luz del sol, manifestó: “Lucharé hasta el último momento”, y continuó luchando denodadamente.

El scleranthus poseía todavía una ligera esperanza pero, a veces, era presa de una inseguridad e indecisión tan grande que en un momento quería tomar un camino y, al mismo tiempo también deseaba tomar otro diferente. La clemátide común caminaba despacio y pacientemente, sin preocuparse demasiado sobre si caería en el sueño eterno o lograría salir del bosque. A veces, la genciana animaba un poco a los otros pero, en otras ocasiones, volvía a ser presa de la desesperación y de la depresión.
Los otros caminantes no tuvieron jamás miedo de no lograrlo y quisieron ayudar a su manera a sus acompañantes.

El brezo estaba totalmente seguro de conocer el camino y quiso que todos los demás le siguieran a él. A la achicoria no le preocupaba el final que pudiera tener esa excursión, pero sí el estado en que se encontraban sus acompañantes: si les dolían los pies, si estaban cansados o si tenían comida suficiente. La ceratostigma no tenía especialmente una gran confianza en su capacidad de enjuiciamiento y quería probar cada camino para poder estar segura de no ir en la dirección falsa. La humilde y pequeña centaura quería aligerar tanto la carga que estaba dispuesta a llevar el equipaje de los otros. Desgraciadamente, y por regla general, se suele llevar la carga de aquellos que se encuentran en la mejor situación para llevarla ellos mismos, ya que éstos son siempre los que más se quejan.

El agua de roca estaba totalmente entusiasmada por ayudar, pero deprimía un poco al grupo porque criticaba todo lo que ellos hacían mal y conocían el camino. La verbena también conocía el camino muy bien, aunque estaba un poco confusa y se explayó en detalles acerca de cuál era el único camino correcto que conducía fuera del bosque. También la impaciencia conocía muy bien el camino de regreso a casa, lo conocía tan bien que era muy impaciente con aquellos que caminaban más despacio que ella. La violeta de agua ya había recorrido el trayecto una vez y conocía el camino correcto, adoptando una actitud orgullosa y altanera porque los otros no lo conocían. Para ella, los otros eran inferiores.

Finalmente, todos lograron salir ilesos del bosque. Ahora viven como guías para todos aquellos caminantes que nunca han hecho ese viaje y, como conocen la oscuridad y el camino a través del bosque, acompañan a los caminantes en calidad de “valientes caballeros”. Cada uno de los 16 acompañantes aporta los ejemplos necesarios enseñando, al mismo tiempo y a su manera, la lección correspondiente que de ello se deriva.
La agrimonia camina totalmente despreocupada y hace chistes sobre cualquier cosa. El mímulo jaspeado ya no conoce el miedo. El heliántemo común mismo es un ejemplo de serenidad en la más plena oscuridad. La aulaga relata a los caminantes durante la noche los progresos que harán cuando el sol se levante de nuevo la mañana siguiente.

El roble permanece inamovible en medio de la tormenta más fuerte. Los ojos de la clemátide están radiantes de alegría al acercarse el final del viaje. Ya no hay dificultad o revés que pueda desanimar a la genciana.

El brezo ha comprobado que cada caminante debe recorrer su propio camino y marchar tranquilamente por delante para mostrar que eso es posible. La achicoria, que siempre ha esperado poder tender una mano a aquel que lo necesita, lo hace ahora sólo cuando se lo piden y de forma sosegada. La ceratostigma conoce perfectamente los estrechos senderos que no conducen a ninguna parte, y la centaura menor sigue buscando al más débil, que lleva la carga más pesada.

El agua de roca ha olvidado hacer reproches a los demás y ahora ocupa todo su tiempo en darles ánimos. La verbena ya no echa sermones, sino que indica tranquilamente el camino. La impaciencia ya no conoce la prisa, sino que camina lentamente tras el último para mantener con él el ritmo. Y la violeta de agua, más ángel que persona, roza como un cálido soplo de viento o un fabuloso rayo de sol a todo el grupo, bendiciendo a cada uno de ellos.



Elixires Florales. Remedios.

LOS REMEDIOS FLORALES Y SUS INDICADORES. 
Edward Bach.

(Publicado en Epsom*, 1933) *Este artículo apareció probable-mente en The Neuropathic Journal.

Seguramente, la fuerza curativa de estas plantas nos resulta familiar a muchos de nosotros que ya hemos empleado los siguientes remedios. Los resultados que se han alcanzado con ellos ha superado ampliamente nuestras expectativas. Cientos de esos llamados casos incurables han sanado y han recuperado la felicidad.
Estos remedios se prescriben en función del estado anímico del paciente, ignorándose por completo la enfermedad física que padece el cuerpo.

Los doce indicadores son los siguientes:

1. Atormentado                 Agrimonia
2. Temor                       Heliántemo 

3. Miedo                       Mímulo
4. Indiferencia                Clemátide   
5. Dolor                      Impaciencia
6. Indecisión                  Scleranthus

7. El entusiasta               Verbena 
8. Falta de valor              Genciana 
9. El que es pisado por todos  Centaura
10. El loco                    Cerostigma 
11. Aflicción               Violeta de agua 
12. Bloqueo                    Achicoria

Esencialmente existen 12 tipos principales de personalidad, de las cuales cada una puede manifestarse de manera positiva o negativa.


Estos tipos diferentes de personalidad nos indicarán el signo del Zodiaco en el que se encontraba la Luna en el momento del nacimiento. Un estudio de estos signos zodiacales nos aporta los siguientes conocimientos:
1. Tipo de personalidad.
2. El objetivo y la obra de su vida.
3. El (los) remedio(s) que le apoyarán en la realización del trabajo de su vida.

 
Como sanadores, nos ocupamos únicamente de las manifestaciones negativas de estos doce tipos de personalidad.
El secreto de la vida reside en ser honrados y sinceros en relación con nuestra personalidad y en no sufrir la intromisión de influencias externas.
Averiguamos nuestra personalidad en función de la posición de la Luna en el momento de nuestro nacimiento, pero los astrólogos le otorgan un valor exagerado a los planetas, ya que, si podemos ser fieles a nuestra personalidad y honrados frente a nosotros mismos, no tenemos que temer influencia planetaria o externa alguna. Los remedios nos apoyan a mantener nuestra personalidad.
Sólo en los estadios más tempranos del desarrollo resultamos influenciados o dominados directamente por uno o más planetas. Si logramos desarrollar por una vez el amor y, más concretamente, el profundo amor al prójimo, entonces nos liberamos de la influencia de nuestras estrellas, perdemos los hilos del destino, convirtiéndonos en el capitán de nuestro propio barco, sea para mejor o para peor.
Lo que Hahnemann, Culpepper y otros grandes buscadores querían encontrar es la reacción mundial, espiritual, la que muestran esos doce tipos de personalidad, así como los remedios que pertenecen a cada tipo.
Tenemos doce remedios. Qué sencillo es entonces ordenarlos con gran exactitud y explicarles a nuestros pacientes el motivo de su desarmonía, de su discordia interior, de su enfermedad, para poder ponerlos de nuevo en armonía con lo infinito de su alma y restablecer su salud corporal e intelectual.
La sanación se completa en siete pasos,
que se desarrollan en el siguiente orden:
- Paz. - Esperanza. - Alegría. - Confianza. - Seguridad. - Sabiduría. - Amor.


Cuando el paciente se encuentre lleno de amor, no de amor por sí mismo, sino de amor por el universo, entonces habrá dado la espalda a lo que llamamos enfermedad.
Las personas clemátide son indiferentes y no poseen un interés especial en la vida: son apáticas y no se esfuerzan realmente por recuperarse de la enfermedad o por concentrarse en el trabajo diario. A menudo les gusta dormir mucho y poseen una mirada hasta cierto punto ajena al mundo.
Las personas agrimonia están atormentadas internamente por la preocupación y el miedo, aun cuando externamente se comportan valerosamente para ocultar su tensión. Con frecuencia beben bastante o tomen drogas para poder soportar el estrés.
Las persona scleranthus están invadidas por la indecisión. En su vida diaria les resulta muy difícil el poder tomar una decisión y, en caso de enfermedad, no están seguras de lo que quieren, considerando que algo es correcto por un momento y al instante siguiente opinan lo contrario.
Los ceratostigma son los locos. Deberían ser profesores inteligentes, pero parece que prestan demasiada atención a las opiniones de los otros, dejándose influenciar fácilmente por circunstancias externas.
Impaciencia es el dolor de un tipo de personalidad que viene provocado porque un canal por el que normalmente circulan la luz y la verdad espiritual está bloqueado. En el origen de este estado se observa a menudo una cierta dosis de crueldad.
Los centaura son los que se dejan pisar por los demás. Parece que les falta cualquier poder de individualidad o de capacidad para negarse a ser utilizados por todos. No luchan por recuperar su libertad.
La violeta de agua es el padecimiento, concretamente la aflicción, que sufren las grandes almas, que llevan valientemente y sin rechistar la carga de este sufrimiento con valor y resignación, sin molestar a los otros con ello y sin permitir que influya en la obra de su vida.
El mímulo es el miedo total. Estas personas hacen el débil intento de enfrentarse a sus perseguidores pero parecen estar como hipnotizadas soportando su miedo con calma y sin oponer resistencia. En general, siempre encuentran alguna disculpa para su comportamiento.
La verbena es el entusiasta. Aquí nos encontramos con aquellas que se esfuerzan demasiado por alcanzar sus ideales, hiriéndose ellas mismas en ese intento. Se trata de personas que poseen elevadas metas, pero que, en lugar de ejercitar la paciencia y la benevolencia, lo hacen con energía y prisas. Son personas que han hecho ya suficientes progresos como para poder reconocer que los grandes ideales sólo se alcanzan sin estrés y sin prisas.
La achicoria son las personas que quieren servir y en las cuales el amor ya se encuentra bien desarrollado, permitiendo que las influencias externas impidan la evolución libre de su amor, por lo que se encuentran paralizadas tanto espiritual como físicamente.
La genciana es el desánimo. Aquí se trata de nuevo de personas a las que les gusta hacer muchas cosas pero que, sin embargo, permiten que la duda o la depresión les influya cuando aparecen las dificultades. A menudo desean fervientemente salirse con la suya en lugar de considerar las cosa desde una perspectiva más amplia.
El heliántemo es el temor. El temor frente a algo más grande que las cosas materiales. El temor frente a la muerte, el propio suicidio o las fuerzas sobrenaturales. Aquí se trata de personas que luchan por su propia libertad espiritual.

Si ahora pensamos en las doce cualidades de Cristo que aspiramos a conseguir y que él nos quiere enseñar, encontraremos las doce grandes lecciones de la vida.

Aunque debemos aprender todas esas lecciones, concentrémonos en una determinada. Esta lección viene fijada por la posición de la Luna en el momento de nuestro nacimiento, indicándonos cuál es la meta principal de nuestra vida.

Remedio         Cualidad a desarrollar     Error

Agrimonia       Tranquilidad     Atormentado
Scleranthus     Perseverancia    Indecisión
Verbena         Tolerancia       El entusiasta
Clemátide       Bondad           Indiferencia
Achicoria       Amor             Estancamiento
Genciana        Comprensión      Ausencia de valor
Violeta de agua Alegría          Padecimiento
Centaura        Poder         Se deja pisar por todos
Impaciencia     Perdón           Dolor
Cerostigma      Sabiduría        El loco
Heliántemo      Valor            Temor
Mímulo          Compasión        Miedo


Frascos con estos remedios pueden obtenerse de los antiguos fabricantes de productos homeopáticos, aunque también pueden ser elaborados por uno mismo, tal y como se describe a continuación.


Coja un delgado recipiente de cristal y llénelo de agua clara de un río o, preferentemente, de una fuente. Deposite suficientes unidades florales de la planta en cuestión hasta que la superficie del agua quede totalmente cubierta. Deje el recipiente en un lugar soleado hasta que las flores comiencen a marchitarse. A continuación extraiga cuidadosamente las flores del agua añadiendo la misma cantidad de coñac para su conservación. 


Una única gota basta para preparar una botella de 0,2 litros de agua (200 mililitros), de la cual se tomará la dosis necesaria usando como dosificador una cucharilla.


La dosis debe ser medida teniendo en cuenta las necesidades del paciente; en casos agudos, hay que suministrarlas cada hora; en casos crónicos, tres o cuatro veces al día hasta que se observe una mejora y el paciente pueda seguir adelante sin el remedio.


La clemátide, la alegría del caminante, decora nuestros setos allí donde el suelo es calizo. La agrimonia y la verbena las encontramos en los bordes de los caminos. La achicoria y el scleranthus en los campos de cereal. La centaura, genciana y el heliántemo en las praderas. El mímulo y la impaciencia crecen en las proximidades de Crichowell, en una cuantas millas más allá de Abergavenny, aunque también se encuentran en otros condados de Inglaterra. La cerastostigma no crece silvestre en Gran Bretaña, pero existen estas plantas en los jardines de Pleasaunce, Overstrand, Norfolk y en el Kew Gardens. La violeta de agua se encuentra en nuestros claros y maravillosos ríos.


Queremos glorificar siempre a Dios por haber hecho crecer en las praderas todas esa plantas medicinales que posibilitan nuestra curación.



Elixires Florales. Enfermedad, curación.

ALGUNAS CONSIDERACIONES BÁSICAS SOBRE LA ENFERMEDAD Y LA CURACIÓN.
(Homoeopathic World, 1930)

Para entender la enfermedad, su objetivo, su esencia y su sanación, debemos comprender parcialmente el motivo de nuestro ser y las leyes de nuestro Creador en relación a nosotros.
 
Es de gran importancia reconocer que el ser humano tiene dos aspectos: uno espiritual y otro físico, siendo de estos dos el físico el que es infinitamente mucho menos importante.
 

Bajo la dirección de nuestro yo espiritual, de nuestra vida inmortal, el hombre ha nacido para acumular conocimientos y experiencias y perfeccionarse como un ser físico.
 
El cuerpo físico solo, sin conexión con la dimensión espiritual, es una envoltura vacía, un corcho sobre el agua. Pero cuando está unificado con la parte espiritual, entonces la vida es una alegría, una aventura que acapara totalmente todos nuestros intereses, un viaje que nos trae suerte, salud y conocimiento.

 
Nuestra evolución comienza como recién nacidos sin conocimiento, cuyos intereses están dirigidos hacia uno mismo. Nuestras necesidades se limitan a nuestro bienestar, alimentación y calor. Con el adulto aparece entonces el deseo de poder y, por ello, permanecemos durante un tiempo remitidos todavía a nosotros mismos, considerando nuestro propio beneficio y los objetivos terrenales.

 
Entonces viene el punto de inflexión: el nacimiento del deseo de ponerse al servicio de nuestros semejantes, comenzando a partir de ese momento la lucha, ya que en el transcurso de nuestra continuada evolución debemos transformar nuestro egoísmo en altruismo, la separación en unidad y reunir todo el conocimiento y experiencias que el mundo nos pueda enseñar, debiendo transformar todas las cualidades humanas en sus virtudes opuestas.

 
Sin embargo, aprendemos despacio, siempre únicamente una lección de una vez, pero debemos aprender esa lección especial que nuestro propio yo espiritual nos impone si queremos ser afortunados y estar sanos.
No todos nosotros aprendemos la misma lección al mismo tiempo. Uno supera su orgullo, el otro su miedo, algún otro su odio, etc., pero el factor esencial para la salud reside en que aprendamos la lección que está determinada para nosotros.
El estadio de nuestro avance no juega ningún papel importante. En relación con nuestra salud, carece de importancia el hecho de que nos encontremos al nivel de un recién nacido o de un joven. Pero tiene gran importancia el hecho de vivir en armonía con nuestra alma. Tanto si se trata de alcanzar el bienestar o de llevar la vida sacrificada de un mártir, la salud depende de si seguimos las órdenes de nuestro yo espiritual y de si vivimos en consonancia con ellas.
Nuestra alma nos coloca en las situaciones de la vida y nos da el trabajo –sea ya limpiador de zapatos o señor, príncipe o mendigo- que es más idóneo para nuestra evolución y donde mejor podemos aprender la necesaria lección. Da igual la posición que siempre hayamos tenido, la única necesidad reside en cumplir el trabajo particular que se nos ha asignado y todo se volverá bueno.
Enfermedad es la consecuencia de un conflicto cuando la personalidad se niega a obedecer los mandamientos del alma, cuando existe una desarmonía, enfermedad, entre el elevado y espiritual yo y la personalidad, más baja, que conocemos como nosotros mismos.

 
A ninguno de nosotros se nos va a encomendar algo que no podamos realizar, ni se nos va a exigir más de lo que tengamos en nuestro poder.

 
Entonces se decide la vida misma por el esfuerzo de transformar la baja calidad del yo en la elevada virtud de la unidad altruista, sin emplear medidas drásticas, sino a través de una lenta, progresiva y feliz evolución.
Durante nuestro viaje en la búsqueda de la perfección hay diferentes estadios. La transformación del egoísmo en altruismo, del descontento en satisfacción, de la división en unidad, no puede acontecer en un breve momento, sino a través de una evolución paulatina y constante, debiendo superar un escalón tras otro mientras avanzamos. Algunos escalones son facilísimos de superar, otros extraordinariamente difíciles, y, entonces, puede ser que aparezca la enfermedad, porque en ese tiempo no hemos conseguido seguir a nuestro espíritu, y aparece el conflicto que vuelve a provocar la enfermedad.
De manera similar a la fase de desarrollo en el que cometemos los errores, se realiza a nivel físico una determinada mentalidad que tiene sus correspondientes resultados tanto en el paciente como también en las personas que tienen relación con él. Es esa determinada disposición de ánimo que le descubre al médico el verdadero y fundamental origen del problema proporcionándole así una clave para un exitoso tratamiento.
Desde aquí se puede comprobar el esfuerzo que el paciente debe hacer cuando se extravíe, pudiéndose inferir de esta manera el tratamiento correcto para su bienestar.
Hahnemann nos enseñó que igual con igual se cura. Esto es correcto hasta un cierto punto, pero la palabra cura conduce un poco a error. Más correcto sería: igual expulsa a igual.
La enfermedad en sí: es igual que sana igual, o mejor: igual que rechaza a igual.
La causa de la enfermedad pretende provocar que acabemos con una errónea manera de proceder. Es el método más eficaz para poner nuestra personalidad en armonía con nuestra alma. Si no existiera el dolor, cómo podríamos saber entonces que la crueldad duele? Si nunca sufrimos una pérdida, ¿cómo podríamos jamás reconocer el padecimiento que se produce con el robo? A decir verdad, deberíamos aprender nuestras lecciones a nivel espiritual para, así, ahorrarnos el sufrimiento corporal, pero a muchos de nosotros les sería imposible. Y es por este motivo por lo que se nos ha otorgado la enfermedad, para acelerar nuestra evolución. Aun cuando al considerar superficialmente la enfermedad, ésta pueda parecer cruel, es en esencia beneficiosa. Es el método aplicado por nuestra propia alma fraternal para conducirnos al camino del entendimiento.
Además, debemos acordarnos de que el padecimiento (aunque deberíamos ser tan inteligentes como para evitarlo), es un privilegio que nos indica que la personalidad ha alcanzado un determinado estadio de desarrollo, donde es necesaria una corrección. Los pequeños bebés no son sancionados.
De ello se desprende rápidamente cómo se pueden evitar las enfermedades. Si pudiéramos escuchar únicamente la voz de nuestro yo espiritual, si sólo permaneciésemos en armonía con nuestra alma, entonces no sería necesaria una lección tan dura y podríamos vivir sin enfermedad
Por este motivo, la labor del médico reside en ayudar al paciente a alcanzar ese objetivo haciéndole llegar apoyo espiritual, intelectual y corporal.
El genio de Hahnemann reconoció la naturaleza y las causas de la enfermedad, empleó remedios semejantes que, al fortalecer la enfermedad de forma pasajera, aceleraban ese objetivo. Él utilizó venenos semejantes para apartar los venenos del cuerpo.
Pero ahora después de que hayamos reflexionado sobre dónde nos ha llevado su genio, queremos avanzar un paso más y descubriremos que existe un nuevo e incluso mejor camino.
Cuando un paciente comete una equivocación espiritual, ello desencadena un conflicto entre el yo espiritual y el físico, siendo el resultado final la enfermedad. El error puede ser subsanado, el veneno puede ser apartado del cuerpo, pero permanece un vacío, continúa existiendo una fuerza perjudicial, pero ahí donde esa fuerza estaba localizada permanece un espacio muerto.

 
El método perfecto no consiste tanto en apartar la influencia perjudicial, sino mucho más en hacer propia una virtud que se le opone, pudiendo subsanar los errores a través de esas virtudes. Esa es la ley de los opuestos, de lo positivo y lo negativo.
Tomemos el siguiente ejemplo: Un paciente tiene dolores porque en su ser existe la crueldad. Él puede suprimir esa condición proponiéndose continuamente: No Quiero Ser Cruel, pero eso supone una lucha larga y agotadora y, en caso de que logre eliminar la crueldad, permanecería una laguna, un espacio muerto. Si, por el contrario, el paciente se concentrase en la parte positiva, es decir, en desarrollar la compasión y en hacer suya esa virtud, la crueldad es sustituida sin esfuerzos adicionales y se convierte en algo imposible. - (para esa persona).
Por eso, la ciencia perfecta de la sanación enseña y ayuda al paciente a desarrollar esa virtud que le hará, de una vez por todas, inmune frente a cualidades perjudiciales. Esta forma de curar no se encuentra bajo la máxima: No debes, sino en: Están bendecidos.
También debemos tener en cuenta otro gran principio que tuvo su origen en el genio de Hahnemann, es decir, la enseñanza de la curación desde el interior.

 
Primero debe ser sanado el espíritu, luego le seguirá el cuerpo. Sanar el cuerpo y no el espíritu puede tener graves consecuencias para el paciente, ya que el cuerpo gana a costa del alma. Sería mejor perder un cuerpo que dejar pasar la lección.

Por este motivo, la labor del médico se compone de dos aspectos: ayudar a su paciente a corregir sus errores espirituales y prescribirle aquellos remedios que actuarán a nivel físico, de tal manera que el espíritu, ahora más sano, motivará una recuperación del cuerpo.
Para esto último, es de vital importancia que los remedios elegidos sean revitalizadores y constructivos, siendo portadores de vibraciones que poseen un efecto edificante.
En la elección de ese remedio, debemos tener en consideración el estado evolutivo del mismo en relación con la persona.
Los metales se encuentran en un nivel por debajo del hombre. El empleo de animales supondría crueldad y, en el arte divino de la curación, no se permite que aparezca huella alguna de crueldad. Es por este motivo por el que nos queda tan sólo el reino vegetal.

 
Existen tres tipos de plantas. El primer grupo se encuentra, en lo que a su evolución se refiere, en un nivel un poco más bajo que el del ser humano. Entre éstas se hallan los tipos primitivos, los cactos, las algas marinas, la cuscata, etc. A este grupo pertenecen también las que han sido empleadas para finalidades equivocadas, siendo algunas de ellas venenosas: el beleño, la belladona y las orquídeas son algunos ejemplos.
Una segunda categoría, que se encuentra en el mismo nivel que el ser humano y que son inofensivas, puede ser empleada como alimentos.
Pero existe aun un tercer grupo que se encuentra en un nivel evolutivo relativamente alto o más alto que el de la humanidad media. Es de entre estas plantas donde debemos escoger nuestros remedios ya que ellas poseen la fuerza de sanar y de traernos la bendición.
Además, estas plantas no necesitan de la crueldad, ya que, al residir en ellas el deseo de ser útiles a la naturaleza humana, están bendecidas mientras sirven a los hombres.
Debido a que el primer grupo de plantas disminuye las vibraciones corporales, hacen que el cuerpo no sea apropiado como residencia del yo espiritual pudiendo provocar, por este motivo, la muerte.
Pero el último grupo posee el poder de elevar nuestras vibraciones, proporcionándonos, por tanto, la fuerza espiritual que depura y sana al cuerpo y al espíritu.
Por lo tanto nuestro trabajo como médicos se puede representar a grandes rasgos de la siguiente manera: estudiar la naturaleza humana de forma que estemos en situación de ayudar a nuestros pacientes a adquirir un conocimiento sobre ellos mismos y aconsejarles sobre la manera de poder armonizar su personalidad con su alma, prescribiéndoles, además, los remedios beneficiosos que elevan las vibraciones de la personalidad. De esta manera se desarrolla la virtud necesaria para restablecer la armonía entre el yo más alto y el más bajo, que tiene como consecuencia la salud completa.
Ahora, queremos considerar el aspecto práctico en relación con el diagnóstico y el tratamiento. En primer lugar, existen siete subdivisiones principales en las que debemos clasificar a nuestros pacientes.

 
De acuerdo con la lección especial que debe ser aprendida, una persona se puede equivocar en uno de los siguientes principios fundamentales:  


1. Poder. 2. Conocimiento. 3. Amor. 4. Equilibrio. 5. Servicio. 6. Sabiduría. 7. Perfección espiritual.
 
Antes de continuar, hay que volver a llamar la atención sobre el hecho de que la existencia de enfermedad es un indicativo de que la personalidad se encuentra en conflicto con el alma.
Las cualidades y las virtudes son relativas. Lo que para uno es una virtud puede ser para otro un defecto. Aspirar a ser poderoso puede ser correcto para un alma joven sin tener por qué desencadenar un conflicto entre la personalidad y el yo espiritual. Pero lo que es correcto en ese caso no encajaría en un estadio más desarrollado de la juventud, resultando, por lo tanto, equivocado cuando el alma ha decidido para la personalidad dar en lugar de tomar.
Es por este motivo por el que una cualidad en sí misma no puede ser juzgada de correcta o de falsa sin tener en cuenta el nivel evolutivo del individuo. Lo que conocemos como malo es simplemente algo bueno que no se encuentra en el lugar correcto.
Pero la existencia de enfermedad nos indica que hay cualidades ancladas en la personalidad que el alma se esfuerza en apartar porque tales cualidades se encuentran por debajo del nivel evolutivo de esa persona.
Además, el paciente debe negarse encarecidamente a oír la voz de la conciencia, a reunir experiencias a nivel espiritual, por eso se da la necesidad de una lección aún más difícil, que es la que le imparte la enfermedad.
Podemos reconocer, a través de la mentalidad de nuestros pacientes, el error que ha hecho que la personalidad no logre mantener no logre mantener el ritmo del estándar evolutivo que el alma desea.

 
De las equivocaciones que se cometen en cada uno de los siete principios resultan los siguientes tipos:

1. Poder: tirano, autócrata, afán de notoriedad.
2. Intelecto: nigromante, destructor, sátiro.
3. Amor: inquisidor, odio, cólera.
4. Equilibrio: estático, veleta, histérico.
5. Servicio: vanidoso, egoísta, flirteador.
6. Sabiduría: agnóstico, loco, payaso.
7. Perfección espiritual: entusiasta, puritano, monje.


No juega ningún papel importante la enfermedad que padezca nuestro paciente. Mucho más importante es que comprendamos a cuál de los tipos arriba mencionados pertenece.
Sin embargo, no es de esperar que las características de la personalidad se manifiesten siempre tan claramente, ya que en muchos casos con los que nos encontramos es únicamente con un pequeño resquicio de las cualidades perjudiciales. No obstante, es esencial el poder comprender de manera exacta la equivocación básica para garantizar un tratamiento exitoso.
Además, la personalidad de muchos de los pacientes que nos consultan suele estar muy marcada por la influencia de algún familiar o amigo dominante, resultando en muchos casos más fácil el hacer un diagnóstico de la persona dominadora, ya que ésta pertenecerá al mismo grupo que el paciente. También aquí se aplica el principio del igual repele al igual, ya que aquí nos encontramos con aquellos que poseen nuestros mismos defectos, pero de una manera mucho más clara, de tal forma que podemos reconocer el padecimiento que esa actitud perjudicial desencadena.
Antes de considerar detalladamente los tipos anteriormente expuestos, y en cuanto que la investigación ha encontrado ya los remedios ligados a ellos, queremos mencionar los métodos de la dosificación.
Aquí, de nuevo, está vigente la ley de Hahnemann, esto es, que no es necesario repetir mientras se produzca una mejora en el paciente.
Los remedios descritos a continuación son, en su manera de actuar, beneficiosos y no provocan ni empeoramiento ni reacción, ya que su función es la de elevar. Éstos son preparados en su tercera, cuarta y séptima potencia.
Al comienzo del tratamiento se puede administrar una dosis de la tercera potencia dos o tres veces al día hasta que se produzca una mejora notable, después se interrumpe. En tanto se ha logrado un avance, no se vuelve a proporcionar el remedio. Pero tan pronto como el paciente manifieste un retroceso se le prescriben tres o cuatro dosis más. Cada vez debería ser necesario una dosis más pequeña. Únicamente se debe hacer uso de una potencia a la cuarta o a la séptima cuando la potencia más baja no arroja ningún efecto positivo.
Si tuvieran un amigo que hubiese sufrido una gran pérdida, en primer lugar le habrían visitado a menudo para animarlo y consolarlo pero en cuanto se hubiera recuperado de nuevo, reducirían seguramente el número de visitas.
De esta misma manera empleamos esa potencia. Éstas representan un amigo una bendición para el que padece, pero, tal y como Hahnemann previó, el enfermo tiene incluso que llevar el sólo el peso de la lucha y no debe hacerse dependiente de ciertos remedios beneficiosos. Cuando al enfermo le vaya mejor, es necesario continuar la lucha solo, en la medida de lo posible, sin pedir de nuevo ayuda hasta que ésta sea realmente necesaria.
Naturalmente, cuanto más desee el paciente corregir los errores que se esconden detrás de su enfermedad, tanto más se ofrecerá la misma potencia.
Ahora llegamos a una descripción de algunos de los tipos ligados a enfermedades y de los remedios que se les administrarán para sanar dichos males.
Llegado este punto, quiero expresar mi agradecimiento al doctor F.J. Wheeler, de Southport, por su enorme ayuda en lo que se refiere a los resultados clínicos que él ha logrado con estos remedios, así como por su colaboración de todo corazón durante un largo periodo de tiempo y su generosidad financiera en grandes cantidades, que ha hecho posible el descubrimiento de muchos de estos remedios.

Los remedios y sus tipos

El nombre botánico completo de cada uno de los remedios responde de la siguiente manera:

1. Agrimonia Agrimonia eupatoria
2. Ceratostigma Ceratostigma willmottiana
3. Achicoria. Cichorium intybus
4. Clemátide. Clematis erecta flora
5. Cotiledón. Cotyledon umbilicus
6. Centaura. Erytrea Centaurium
7. Impaciencia. Impatiens glandulifera
8. Mímulo. Mimulus guttatus
9. Scleranthus. Scleranthus annuus
10. Arvensis. Sonchus arvensis
11. Verbena. Verbena officinales


AGRIMONIA El Inquisidor.
Este tipo no es siempre fácil de diagnosticar, ya que estas personas esconden sus dificultades. A menudo, tienen una apariencia desenvuelta, son geniales, totalmente interesados en la vida y, decididamente, son gente simpática. Con frecuencia, beben bastante, aunque no claramente en exceso. Puede suceder que sean drogodependientes, y que tengan el deseo de experiencias excitantes y de una vida totalmente ocupada. Es por este motivo por el que guardan su padecimiento para sí mismos.
Se detecta que tras esa superficie se esconde una tragedia, aunque ellos ni siquiera y muy raramente lo reconozcan delante de sus mejores amigos. Interiormente sufren sentimientos excitados: un miedo enorme ante el presente y especialmente frente al futuro que puede, incluso, inducirles al suicidio. No vacilan ante ningún peligro y son irreflexivos en todos los aspectos. No conocen la paz. Son activos, intranquilos, siempre están en movimiento, necesitan dormir poco y se calman sólo muy tardíamente.
Habitualmente, poseen un gran interés en el ocultismo y en la magia. En realidad, son almas atormentadas que están cansadas de su padecimiento, llegando a preferir la muerte como la mejor alternativa, aun cuando de cara al exterior luchen denodadamente y muestren cada día un ánimo contento.
Con frecuencia, se comprueba que resultan atormentados por alguna otra persona, aunque el responsable de su tormento se pueda encontrar en otro nivel.
Este remedio le proporciona paz, aparta su perturbación interna, apacigua su exigencia de estimulantes y le da tranquilidad.

CERATOSTIGMA El Loco.
Para aquellos que quieren avanzar pero que, sin embargo, están confundidos y son incapaces de distinguir lo bueno de lo malo. La falta de conocimiento les hace atolondrarse en la elección de amigos, en su trabajo, en el placer y en las influencias que deja que penetren en su vida. Se trata de aquellos cuyas intenciones son buenas, pero cuya inteligencia y sensatez se encuentran negativamente marcada.
Se concentran demasiado en los detalles de la vida, pasando por alto los principios fundamentales. Las convenciones y las pequeñeces cuentan más que los temas importantes. A menudo dejan pasar oportunidades a causa de influencias insignificantes. Son capaces de tirar la obra de su vida porque algún familiar o compañero les ha hablado negativamente de ella. Exageran demasiado las obligaciones que tienen frente a otras personas sometiéndose ellos mismos a una personalidad dominante cuando, en realidad, lo que deberían hacer es servir también a muchas otras personas.
Son débiles y se disculpan por sus tormentos de la misma forma en que una mujer defiende a su marido borracho que, además, le pega. Son internamente desafortunados porque inconscientemente, se dan cuenta de que están desperdiciando su tiempo. Están calladamente insatisfechos con sus propios esfuerzos. Con que solamente se les pudiera convencer para que comprendieran la realidad de su estupidez, podrían cambiar a mejor. Este tipo de personalidad es la víctima del egoísta y del destructor.
Este remedio aporta la sabiduría de comprender la verdad, la capacidad de enjuiciamiento para distinguir entre lo bueno y lo malo, y concede fuerza y capacidad para permanecer en el camino correcto una vez que se le haya reconocido.

ACHICORIA El Egoísta.
A estas personas les gusta utilizar a otras para sus propios objetivos. Son posesivos, exactamente la antítesis de la madre amorosa y sacrificada. Son locuaces y hablan rápidamente y sin interrupción, cansando a los otros con su charlatanería. Son malos oyentes, que siempre desvían la conversación a temas de su propio interés. A causa de trivialidades, ocasionan en los otros alarma y preocupación. Parecen no conceder a los demás ningún tipo de paz ni de tranquilidad. Son egocéntricos duros y sólo se ocupan de sus propios asuntos. Su vivacidad, que quizás al principio puede resultar entretenida y atrayente, cansa rápidamente a sus semejantes.
Aman el encontrarse en sociedad y odian estar solos. De hecho, temen la soledad porque son dependientes de los otros ya que a ellos les da su vitalidad. A través de historias llenas de auto compasión y de sus enfermedades, logran comprensión y atención. Meten mucho ruido por sus problemas y simulan enfermedades cuando creen que, de esta manera, obtienen atención por parte de los otros.
Cuando en asuntos importantes los otros no hacen lo que ellos quieren, se vuelven odiosos, vengativos, rencorosos y crueles. Son muy cabezotas y calculadores cuando se trata de alcanzar los propios objetivos.
Como familiar o amigo, son exigentes y, aun cuando no siempre se reconocen, absorben mucha vitalidad (de?) las otras personas.
A menudo son delgados y pálidos, tienen piel grasa y son sensibles al frío. Padecen dolores de cabeza crónicos, trastornos digestivos, estreñimiento, gripe, resfriados, así como nerviosismo. Las preocupaciones les alteran mucho, ocasionándoles con frecuencia falta de bienestar o dolores de estómago. Poseen un gran apetito.
El remedio suaviza los síntomas de estos pacientes despertando, además, su compasión por otras personas. Con ello, su atención se aparta más de ellos mismos, acabando, así, su agresión, originada por la compasión para con sus víctimas. De esta manera pueden servir a aquellos a los que anteriormente habían robado su energía. La lección consiste en convertirse en desinteresados a través de la entrega a los demás.

CENTAURA El Autócrata.
En su aspiración por el poder, estas personas han perdido su sentido para la medida exacta de su posición relativa y su significado en este mundo.
Su manera de hablar y sus movimientos son elevados. Exigen atención, son impacientes, especialmente con relación a los detalles de sus propios deseos y de su bienestar. Son arrogantes y están totalmente entregados a su propio rendimiento.
Habitualmente, son de elevada estatura y poseen un tono facial sonrosado. Son propensos a tener la tensión alta, con las molestias correspondientes que de ello se derivan.
El remedio les proporciona a esos caracteres suavidad y tolerancia, disminuyendo de esta mane ra la tensión tanto espiritual como corporal.

IMPACIENCIA El Entusiasta.
Este remedio actúa en casos de dolores agudos, independientemente de la causa que los ha originado. Su indicación es la intensidad del dolor. En muchos casos proporciona alivio después de que la morfina haya fracasado.
También está indicado para padecimientos espirituales agudos. Igualmente, la intensidad es aquí decisiva.
Es útil para aquellos que (independientemente de la posición aparente que tengan), hacen gran des esfuerzos por superar cualquier cualidad negativa. De ahí la intensidad del padecimiento cuando temen fracasar.
Además, este remedio trae paz y actúa decisivamente, elevando el espíritu del que el paciente, de manera habitual, es muy consciente.

MÍMULO Odio.
Este tipo de personalidad padece agotamiento, extenuación y se cansa con facilidad. Estas personas tienen miedos enormes, temen lo desconocido, lo que a su vez, les pone nerviosos. Duermen mal, y el sueño no les aporta bienestar o recuperación.
Sienten rechazo por el ruido, el hablar y por el hecho de que se les haga preguntas sintiéndose totalmente agotados por ello. Desean estar solos y tener tranquilidad.
Con frecuencia, se interesan por el espiritismo y tienen disposición para actuar como médium.
Su agotamiento y ausencia de fuerza no tiene ninguna relación con un origen corporal.
A menudo nos encontramos este estado después de una gripe. El remedio restablece la tranquilidad apartando, además, el miedo del paciente. Despierta la compasión en este tipo de personalidad, lo que representa la lección necesaria.

SCLERANTHUS El Veleta.
La clave de este tipo de personalidad es la falta de estabilidad y la ausencia de confianza. No poseen ningún tipo de confianza en sí mismos, por eso siempre buscan el consejo del otro, y cuando existen diferencias de opiniones entre sus amigos, no saben por cuál inclinarse. Son incapaces de tomar decisiones, siendo víctimas, como consecuencia de ello, víctimas de un tormento espiritual.
Son nerviosos, no tienen tranquilidad, temen las responsabilidades y evitan a las personas, excepto cuando necesitan ayuda. Su error reside en que confían totalmente en el intelecto y no se dejan llevar nunca por la intuición. Les resulta difícil concentrarse intelectualmente, ya que su espíritu vaga de un tema a otro.
Éstos son ejemplos extremos: en primer lugar, depresión; después, alegría; en un momento son optimistas y, al instante siguiente, pesimistas. No son de confianza, y son inseguros porque cambian continuamente su postura. Un día resultan un buen compañero, otro día están malhumorados. A veces son afectuosos y extravagantes, otras tacaños y mezquinos.
Sus síntomas, su temperamento, etc., van y vienen, suben y bajan en rápidas oscilaciones siguiendo el ejemplo del estado espiritual.
El remedio les proporciona claridad de la visión espiritual y les otorga la capacidad de tomar de cisiones rápidas, así como de conservar la resolución y la tranquilidad en vista de las dificultades. Desarrolla las cualidades del carácter de un eficiente coronel, al igual que el Cotiledón resalta las cualidades de un buen soldado.

ARVENSIS El Destructor.
Estas personas se encuentran en la profundidad de la oscura desconsolación. Sin luz, sin alegría sin fortuna. Son externamente desafortunados, lo que se puede reconocer ya en sus rostros.
Llevan la oscuridad a los otros.
Poseen un color apagado en el rostro, con un tinte amarillento o pardo anaranjado.
Siempre ven el lado negativo de las cosas y se encuentran desanimados. Se niegan a tomar consciencia de las oportunidades, a tener satisfacciones. Siempre andan buscando el lado oscuro de la vida. Se revuelcan en todo lo que es mórbido, y contagian a todos su profunda desconsolación deprimiéndolos.
El remedio les trae el brillo del sol en su vida y les ayuda a animar a los otros.

VERBENA El Puritano.
Este remedio está pensado para aquellos que poseen grandes ideales y que aspiran a llevar una vida elevada pero que, sin embargo, fracasan en algún punto.
Puede ser que el paciente sea demasiado rígido, esté demasiado fijo en sus principios y sea demasiado estrecho en su postura ante la vida, intentando modelar al mundo de manera excesivamente parecida a sus propios ideales.
Esta persona vive según los más altos principios y es intolerante frente a los errores de los demás. Es demasiado exigente consigo mismo y su renuncia demasiado exagerada, alejando ésta toda alegría de su vida. Fracasa en la generosidad, bondad y caballerosidad.
En tiempos difíciles puede ser que estas personas se aparten de sus patrones de medida.
Este remedio suaviza la naturaleza, amplia las perspectivas, fortalece la generosidad y la paciencia, y apoya la perseverancia en lo que se refiere a pruebas difíciles.
La lección de este tipo de personalidad es la siguiente: Tolerancia, paciencia y generosidad.

Hasta ahora han sido descritos determinados tipos de personalidad; sin embargo, existen otros remedios que son necesarios para poder completar esta enumeración y que sean encontrados y publicados en el momento oportuno.
En la medicina, debemos explorar los grandes principios de la vida, si es que queremos resultar útiles a nuestros semejantes.
En este mundo nos encontramos todos en el mismo camino. Somos compañeros de viaje en el camino hacia la perfección. Finalmente, debemos acumular todo el saber y las experiencias que pueden ser aprendidas sobre la Tierra. Debemos transformar totalmente nuestro egoísmo en altruismo y desarrollar toda las virtudes hasta la pureza externa.
La lección particular del presente es la clave para nuestro tipo de personalidad. No hemos vivido desde nuestro nacimiento entre el lujo de un palacio para superar intrépidamente las dificulta des de la vida. Tampoco hemos venido al mundo como mendigos para aprender la inteligente administración del bienestar. Las circunstancias, el ambiente y las personas entre las que vivimos deberían servirle al médico inteligente de indicativo para conocer la lucha que el paciente debe afrontar. Nuestros errores y fracasos son lo contrario de las virtudes a las que aspiramos. Para superar nuestras ansías, nos criaremos, si es posible, en una familia en la que el beber es algo habitual. Para vencer nuestro odio, nos criaremos, en lo posible, entre personas que son crueles. De hecho, a menudo son esas cualidades negativas que hemos heredado las que hemos de subsanar con particular interés. Y, si no conseguimos aprender nuestra lección a nivel intelectual, debemos padecer las consecuencias de nuestro fracaso hasta que ese error haya sido totalmente subsanado en nosotros mismos.
Es por esto por lo que nuestros defectos y nuestros negativos acompañantes y circunstancias de la vida representan lo opuesto a las virtudes que intentamos hacer nuestras.
En el tratamiento, es de importancia vital diagnosticar el tipo de personalidad y las virtudes que el paciente se esfuerza por perfeccionar. Hasta el momento en el que nos encontremos en situación de poder impartir curación espiritual, debemos prescribir el remedio que posea la fuerza de apoyar al paciente en su lucha.
Por eso, juzgamos los errores y los pecados de las circunstancias negativas de un paciente como indicativo de lo mucho que él se esfuerza por desarrollar. Por el contrario, debemos buscar encarecidamente los bienes positivos. Debemos encontrar alguna virtud, especialmente una virtud sobresaliente que posea nuestro paciente, cuando él saca de sí mismo lo mejor y le prescribiremos el remedio que fortalezca esa virtud, de tal manera que ésta aparte los errores de este ser.
Nuestro trabajo como médicos reside en buscar lo mejor a través de métodos directos o investigando los errores que deben ser superados. Y debemos desarrollar y mostrar lo mejor con todas las fuerzas que estén a nuestro alcance. Nuestros esfuerzos deberían consistir en ayudar a nuestros pacientes a mantenerse en su más alto nivel con los medios que están a nuestra disposición, capacitándolos de esta manera para que avancen hacia delante.
Y, ahora, mis queridos colegas, existe un método sencillo y aún más perfecto para potenciar los remedios del que hasta ahora hemos empleado.
No se dejen desilusionar por la sencillez de este método, ya que, a medida que su investigación avance, podrán comprobar cada vez mejor la sencillez de toda la creación.
Estos remedios (con excepción de impaciencia, mímulo y cotiledón, que antes eran elaboradas a través de su reducción a polvo), que son descritos en este artículo, eran preparados de la siguiente manera.
Un recipiente de vidrio tan fino como fuera posible se llenaba hasta casi el borde con agua pura preferentemente agua de una fuente. - (natural, manantial?) 

A continuación se introducía en el recipiente una gran cantidad de las flores de la planta en cuestión hasta que la superficie del agua estaba totalmente cubierta. Se debía elegir un día despejado para recolectar las flores , después de que el sol les hubiera estado dando aproximadamente durante dos horas. El recipiente de vidrio se colocaba pues, al sol y, de tiempo en tiempo, se iba cambiando de posición, de manera que el sol incidiera directamente sobre la boca del recipiente, estando así todo el contenido bañado por el sol.
Después de tres, cuatro y siete horas se extraía aproximadamente un cuarto del líquido y se le añadía a cada cantidad de líquido extraído aproximadamente un 20% de alcohol puro. Estos preparados pueden entonces usarse directamente como la tercera, cuarta y séptima potencia.
En este punto, se hace mención de que los cuatro elementos están partícipes en este proceso: la Tierra, para proporcionar el alimento a las plantas; el Aire, de donde toman sus principios alimenticios; el Sol o el Fuego, para darles la capacidad y la fuerza, y el Agua, para tomar las fuerzas benéficas y magnéticas de las plantas medicinales, siendo así concentradas.
Existen dos tipos de equivocación: el error del descuido y el error que cometemos activamente.
Si poseemos una virtud que no desarrollamos, se convierte en un pecado de omisión. Es el mismo caso de una persona que esconde sus talentos, y este error está íntimamente ligado con una enfermedad latente, con una enfermedad que se cierne sobre nosotros al igual que una nube pero que, sin embargo, nunca nos atrapará si reconocemos a tiempo nuestro error y desarrollamos la virtud necesaria.
Actuar erróneamente de manera activa está ligado a una manifestación de una enfermedad. Esto se produce si hacemos cosas en contra de nuestra conciencia sabiendo que están en contradicción con las leyes de la unidad y de la fraternidad de las personas.
Es por esto que la labor del verdadero médico es la de encontrarse en situación de ayudar a sus pacientes, mostrándoles las virtudes latentes que hay en ellos y que no desarrollan, o las cualidades negativas que se oponen a los mandamientos de su mejor yo y que sí realizan. Y también está en nosotros el prescribir aquellos remedios que, por naturaleza, son tan beneficiosos que poseen la fuerza de ayudar a los hombres a adquirir en esta vida un comportamiento armónico, de tal manera que es admisible para el ser divino del que se origina todo lo bueno.
Finalmente, debemos tener en cuenta durante nuestro trabajo que la enfermedad está pensada para que el hombre la venza, y que ésta pondrá a la humanidad bajo la dirección divina para superar todo lo negativo si aspiramos verdaderamente a ello, ya que el amor y la verdad de nuestro creador es todopoderosa y, finalmente, lo bueno obtendrá la victoria absoluta.
Si podemos realmente reconocer esa verdad en toda su suficiencia, podremos lograr, en este momento en la medida de lo posible, la victoria sobre la enfermedad.




LOS DOCE GRANDES REMEDIOS Y ALGUNOS EJEMPLOS DE SU USO Y PRESCRIPCIÓN 
(Febrero 1933). 

Los doce remedios con los que he trabajado en los últimos cinco años han revelado éxitos curativos tan prodigiosos y logrado curar tantas enfermedades de las denominadas incurables, incluso en casos en los que ha fracasado el tratamiento homeopático, que me preocupa explicar su aplicación de la forma más sencilla posible, de manera que incluso un laico en la materia pueda aplicarlos. Los remedios nunca desencadenan por sí mismos reacciones fuertes, ya que jamás provocan daños, independientemente de las cantidades en que se ingieran; y tampoco se producen efectos negativos cuando se administra el remedio correcto sí se consigue un efecto curativo
Ninguna de las plantas de las que he extraído estos remedios es venenosa. Todas son benefactoras; por eso no hay que tener ningún miedo a utilizarlas. 


El principio es el siguiente: hay doce estados espirituales, y cada uno de esos estados se corresponde con una planta curativa. Da lo mismo si la enfermedad es extremadamente grave o si se trata sólo de un ligero resfriado; el hecho de que dure unas cuantas horas o muchos años no juega ningún papel. Lo único decisivo para la selección del remedio adecuado es el estado espiritual. 


Los estados espirituales y los remedios correspondientes son los siguientes


1. En casos de emergencia, de gran peligro, ante el terror, el miedo o las depresiones, así como en todos los casos de emergencia en que la situación parece desesperada, administrese heliantemo. 


2. Para el miedo que no sea tan fuerte como el terror, administrese mímulo. 


3. Cuando el paciente esté intranquilo, medroso y atormentado, dele agrimonia.

 
4. Cuando el paciente esté indeciso, cuando nada parezca lo adecuado, cuando parece que unas veces necesita una cosa y otras la otra, déle scleranthus. 


5. Si el paciente está soñoliento, obnubilado, desganado, ausente, indiferente, y no hace ningún esfuerzo por recuperar la salud, no mostrando la menor alegría por la vida, e incluso en determinados casos anhelando la muerte, adminístrese clemátide. 


6. Para la autocompasión, cuando el paciente se siente maltratado y tiene la sensación de no merecer su padecimiento, admini
strese achicoria. 

7. El paciente al que le gustaría hacer tonterías, que no tiene la suficiente confianza en sí mismo para decidirse y escucha por ello el consejo de cualquiera, que prueba cualquier tratamiento posible que le proponen, necesita ceratostigma. 

8. Aquel paciente que está desalentado, que tiene éxito pero que siempre ve únicamente el la do negativo de las cosas y está deprimido, necesita genciana. 


9. Las voluntades fuertes que son difíciles de tratar porque siempre saben todo mejor y actúan según sus propias ideas, necesitan verbena. 


10. Para dolores fuertes, para el impulso de sanar lo más deprisa posible y para la impaciencia con los congéneres, administrese impaciencia. 


11. A los pacientes tranquilos y valientes, que no se quejan nunca, que no quieren intranquilizar a los demás por su enfermedad e intentan recuperar la salud por sus propias fuerzas, puede ayudarles la violeta de agua. 


12. A aquellos que están débiles, pálidos y sin vigor, que se sienten totalmente agotados y cansados, puede ayudarles la centaura. 


Los remedios se dosifican de la siguiente manera: 

 
tómense dos o tres gotas de la farmacia de remedios y échense en un frasquito de boticario normal, rellénese con agua, agítese bien y adminístrese el remedio en cucharaditas de té hasta la dosis requerida. En casos muy graves, cada cuarto de hora; en casos graves, cada hora, y en casos normales, tres o cuatro veces al día. En casos de pérdida de la conciencia, pueden humedecerse los labios del paciente con el remedio.
Si el estado del paciente mejora, con frecuencia es necesario cambiar de remedio, al igual que cambia su estado espiritual. En algunos casos pueden llegar a ser necesarias hasta media docena de diferentes plantas curativas. 


Tomemos un ejemplo: Un hombre de 35 años lleva cinco semanas afectado de reumatismo fuerte. Cuando lo examiné por primera vez, casi todas las articulaciones de su cuerpo estaban inflamadas e hinchadas. Sufría grandes dolores y tenía un gran miedo. El paciente estaba muy enfermo y parecía estar cercano al límite en que no podría soportar el dolor.
En las primeras veinte horas ingirió agrimonia cada hora, hasta que se apreció una notable mejoría y desaparecieron el dolor y la inflamación en todas las articulaciones, excepto en una articulación del hombro. El paciente se tranquilizó y su preocupación fue mucho menor. Continuó tomando agrimonia seis horas más hasta que pudo conciliar el sueño durante 4 horas seguidas. Cuando despertó, los dolores habían cesado. La siguiente etapa estuvo caracterizada por el miedo, miedo de que retornase el dolor, miedo de moverse para evitar que los dolores se instalasen de nuevo en sus articulaciones. En este estadio se prescribió mímulo, y al día siguiente el paciente pudo incorporarse, vestirse y afeitarse solo. A pesar del éxito curativo, el paciente se sentía sin ánimo y derrotado. Tomó genciana, y al tercer día volvía a estar completamente recuperado, yendo al cine y a la cantina del pueblo.
En otros casos sólo se necesita un único remedio, como en el ejemplo siguiente: A una joven de 18 años se le habían extirpado seis meses antes algunos quistes de gran tamaño en la glándula tiroides. Los quistes se regeneraron, y se le explicó que tenía que esperar hasta que fueran lo suficientemente grandes para operar de nuevo. Se trataba de una mujer delicada y menuda del tipo soñador, que no se preocupaba demasiado de su estado. Le prescribí clemátide, 3 veces al día durante una semana, con lo que los quistes desaparecieron completamente, y hasta la fecha, tres meses después, no existe ningún indicio de que se hayan regenerado, no siendo necesario seguir tomando el remedio.
Una paciente sufría reumatismo agudo desde hacía dos años. Durante ese tiempo estuvo constantemente ingresada en clínicas. Cuando la examiné por primera vez, tenía las manos rígidas y grandes dolores, los tobillos eran de un tamaño doble del normal y la paciente apenas podía andar. Además, tenía dolores en los hombros, en la nuca y en la espalda. La paciente era una mujer marcadamente afable, tranquila y valiente, que había soportado su enfermedad con una admirable paciencia y valentía. En este caso, lo más indicado era a todas luces la violeta de agua, y la paciente estuvo tomando el remedio durante 2 semanas, tiempo durante el cual pudo constatarse una lenta mejoría. Después, vino una gran fase de ligera autocompasión, que pudo superarse utilizando achicoria. Al cabo de 4 semanas, la paciente podía andar dos millas pero se sentía cada vez más insegura, por lo que se prescribió esclerantus. Más tarde, siguió una fase de ligera impaciencia, en la que deseaba poder volver a hacer todo lo que hacía antes, por lo que resultaba indicada la impaciencia. Al cabo de 8 semanas, la paciente era capaz de andar 4 millas y utilizar normalmente sus manos. Ya no tenía dolores y, excepción hecha de una insignificante rigidez e hinchazón del tobillo derecho, se hallaba completamente curada.
Una paciente de unos 40 años sufrió durante tres semanas dolores poco localizados en el vientre. Las glándulas situadas en la región inguinal, bajo las axilas y en la nuca, se habían hinchado rápidamente. El reconocimiento registró una fuerte hinchazón de las glándulas del vientre, y el análisis de sangre indicó una leucemia linfática aguda. Naturalmente, el pronóstico era extremadamente grave. La paciente se daba cuenta de que tenía una enfermedad maligna. Le entró el pánico y secretamente pensó que lo más sencillo sería cometer un suicidio. Estuvo tomando heliántemo unos días, lo que hizo que remitieran los dolores del vientre y la inflamación de las glándulas. Acto seguido cambió la postura vital de la paciente y la mejoría le dio nuevos ánimos. El miedo a la muerte había desaparecido, si bien secretamente temía que su estado era demasiado bueno para ser cierto, de ahí que estuviera 2 semanas tomando mímulo. Posteriormente, el estado de la paciente fue normal, y desde hace seis meses vuelve a sentirse completamente restablecida.
Un campesino sufría parálisis cervical que hacía que llevara la cabeza siempre inclinada hacia delante. Además, tenía debilitados los músculos oculares y los de la boca. Como era un hombre marcadamente voluntarioso, continuó asistiendo a su trabajo como de costumbre, negándose durante meses a someterse a un tratamiento. La verbena produjo su total curación en aproximadamente dos semanas.
Una paciente de unos 40 años sufrió asma en su infancia. Todos los inviernos se veía obligada a guardar cama aproximadamente 4 meses. Le habían puesto ya una cantidad increíble de inyecciones de adrenalina y se había sometido a todos los tratamientos de asma imaginables, sin conseguir una mejoría. Como muchos asmáticos, sufría la tos ferina y otras enfermedades de las vías respiratorias. Su enfermedad era un terrible tormento. La reconocí en diciembre de 1930 por primera vez, y a finales de enero de 1931 la enfermedad se había curado totalmente con ayuda de la agrimonia. El invierno de 1933 sufrió una ligera recaída, que pudo controlarse fácilmente. La paciente no tuvo que guardar cama. Desde entonces no se ha constatado ningún otro indicio de la enfermedad.




LA PROBLEMÁTICA DE LA ENFERMEDAD CRÓNICA.

(Conferencia pronunciada en el Congreso Homeopático Internacional de 1927)

En las más antiguas tradiciones de la historia de la medicina encontramos ya la prueba de que, consciente o inconscientemente, se conocía lo que hoy distinguimos como intoxicación intestinal, algo de lo que dan fe los remedios y medicamentos utilizados por los primeros médicos, remedios de los que una gran parte tenían un efecto purgante y estimulante de las secreciones biliares, con lo que provocaban la limpieza del intestino. En los siglos de ejercicio de la ciencia médica se han ido experimentando los más diversos métodos siempre por razones parecidas, e incluso hoy día gran parte del moderno tratamiento se basa en dietas y medicamentos especiales, el incluso la cirugía se sustenta en ideas similares.

El conducto digestivo tiene que tener a la fuerza una gran importancia. Su superficie es mayor que la superficie epitelial de nuestro cuerpo. Además, está capacitado para absorber líquidos, una facultad que nuestra piel no posee en la misma medida. Ustedes pueden bañarse en cianuro potásico sin enfermar por ello. Sin embargo, la más mínima cantidad de cianuro potásico en el estómago podría ser letal. Ustedes podrían bañarse en aguas infectadas por las bacterias del tifus y de la difteria, o por otro tipo de bacterias, sin sufrir daños, pero si una cantidad microscópicamente pequeña de estos gérmenes alcanzaran la boca, las consecuencias podrían ser muy graves, e incluso mortales.

El contenido del tracto intestinal es el medio en el que vivimos y del que obtenemos nuestros líquidos y nuestro alimento. Es similar al agua en que vive la ameba unicelular. Es de una importancia capital que se halle limpio y que contenga las sustancias necesarias para la vida, y además no puede contener ninguna sustancia que al ser absorbida pudiera producir daños al organismo por no haber mecanismo de defensa contra ella.

Es un auténtico misterio de la naturaleza el hecho de que sea capaz de eliminar los contenidos intestinales más variados, algo que se desprende del hecho de que se ha demostrado la capacidad de adaptación de todas las razas. Pensemos por un momento en los diferentes hábitos alimenticios que hay en cada país. Piensen en la cantidad de composiciones diferentes que puede tener el quimo intestinal como consecuencia de las diferencias de alimentación. Y a pesar de todo, las razas sobreviven. Hasta ahora el castigo por una mala alimentación no es la muerte, sino la enfermedad; no la extinción del hombre, sino su degeneración.

Lo más probable es que la raza humana viviera originariamente de alimento crudo, de frutas y alimentos de los trópicos, y el conducto digestivo humano se desarrolló para poder procesar ese alimento. Pero los descendientes de aquella raza emigraron a zonas climáticas más frías, y muchas son las naciones que viven casi exclusivamente de alimentos cocinados, algo que modifica completamente el contenido del intestino: pero la raza sobrevive. No obstante, la humanidad no se sustrae del todo al castigo. Padece cientos de enfermedades, sufre un estado de salud debilitado y la pérdida de vitalidad física.

Es bastante improbable que el hombre pueda retornar alguna vez a un estado primigenio, y aun cuando esto sucediera, en último término no nos afecta. Nos interesamos por los miles de millones de hombres de nuestro siglo y del futuro cercano que quieren vivir como nosotros lo hacemos ahora y que claman a voz en grito por la salud y por verse libres de sus padecimientos. Debemos rendir justicia a las necesidades actuales en lugar de cruzarnos de brazos esperando un futuro ideal. Cuando una raza vive de una alimentación contra–natural, el contenido intestinal se modifica tanto química como física o bacteriológicamente. Todos estos factores juegan su papel, pero en las personas con las que tenemos que tratar, la alteración bacteriológica es la más decisiva.

Mientras en nuestra dieta tomemos fruta, ensaladas y otros alimentos crudos, los factores químicos y físicos pueden mantenerse dentro de límites normales mediante una alimentación que no se diferencie demasiado de la alimentación de la civilización. De esta forma, dentro de los límites de los hábitos alimenticios que son incompatibles con las posibilidades que ofrecen las economías domésticas y los restaurantes públicos, pueden evitarse modificaciones extremas del estado físico y químico normal. Soy de la opinión de que es posible comer diariamente en restaurantes y seleccionar los platos de tal forma que el intestino se mantenga limpio dentro de límites razonables, sin necesidad de que rechacemos unos platos por nuestros prejuicios o prestemos demasiada consideración a otros. Pero aunque esto sea posible, no se deduce de ello que este hábito alimenticio sea suficiente para curar la enfermedad.

Ése puede ser el caso en contadas situaciones, pero, tratándose de infecciones crónicas o agudas, a la larga el elemento bacteriano se opone a la mejoría del contenido intestinal, por lo que hay que aplicar otros métodos para acelerar el proceso de curación. De ahí que la infección bacteriana tenga mucha mayor importancia que un estado química o físicamente anormal del intestino, ya que es mucho más difícil de tratar.

¿Tienen ahora clara la diferencia que existe entre el contenido del intestino grueso de una persona que se alimenta de dieta cruda y el de otra que se nutre de alimentos cocidos?

En este último caso, que es el que nos encontramos en el hombre civilizado, el contenido intestinal tiene olor pútrido, color oscuro y es alcalino. Contiene muchos productos de descomposición, y el contenido intestinal se compone de bacilos coli, estreptococos y organismos esporíferos. Compárenlo con un hombre sano que se alimente de dieta cruda.

El contenido del intestino grueso es en ese caso inodoro y ácido. Está libre de productos de descomposición, y su contenido bacteriano se compone de bacterias lácticas y algunos bacilos coli.

Para cualquiera que esté familiarizado con este hecho es suficiente razón para reflexionar seriamente.

En muchos casos puede lograrse la curación incluso sin llegar a cambiar una alimentación poco natural, si bien no voy a negar que la combinación conseguiría mejores y más duraderos resultados.

Respecto a una alimentación sana, tiene una gran importancia el hecho de que, satisfaciendo las necesidades del cuerpo, nos preocupemos de que la reacción del intestino grueso se realice en medio ligeramente ácido, en lugar del medio alcalino habitual en la civilización occidental. El ácido está relacionado con el crecimiento del bacilo de la fermentación del ácido láctico, y este organismo necesita a su vez hidratos de carbono para poder multiplicarse. El almidón normal se transforma en azúcar bastante antes de alcanzar el intestino grueso, pero la avena cruda, o, mejor aún, las nueces molidas, son excepcionales para dotar al cuerpo de un almidón que apenas se transforma en azúcar en el tracto superior del intestino.

No creo que se haya demostrado que el grupo de bacterias del que trata la presente conferencia sea la causa de la enfermedad. Pero afirmo que estas bacterias de las que estoy hablando están presentes en todos los pacientes, que se hallan ligadas a la enfermedad crónica, y que utilizando los remedios que obtenemos de estas bacterias tenemos un arma eficacísima para luchar contra todo tipo de enfermedad crónica.

Quisiera dirigir ahora mi atención sobre la consideración que se les da a estos organismos cuando se detectan, organismos que son un indicio de enfermedad potencial o ya existente y que se presentan en la gran mayoría de nuestros semejantes. Podemos preguntar: ¿Por qué no es siempre posible demostrar la enfermedad si estas bacterias son tan perjudiciales? La respuesta es que su virulencia no se manifiesta de forma inmediata, y que las personas que tienen buena salud pueden estar expuestas a estas sustancias nocivas durante años sin sentir ningún malestar evidente. Pero a medida que aumenta la edad y baja es estrés físico permanente de tener que rechazar estos organismos u otras circunstancias que conduzcan al brote de la enfermedad, se hacen patentes las repercusiones dañinas, e instantáneamente se debilitan las defensas corporales contra dichos gérmenes, manifestándose la enfermedad. La razón de todo ello es que normalmente el hundimiento de las defensas no se produce antes de la mediana edad, cuando empuja la siguiente generación, y cuando la resistencia contra estos organismos no tiene una fuerza especialmente activa, pues es frecuente comprobar que la naturaleza, si bien es muy cuidadosa en todo, a menudo se despreocupa cuando se trata de una vida aislada. De manera similar, el largo período de incubación de la tuberculosis llevó a la creencia mantenida durante muchos años de que no era una enfermedad contagiosa.

Los gérmenes de los que estoy hablando son bacterias gram–negativas del grupo coli del tifus. Lo importante de todo ello es que no están capacitadas para producir la fermentación del ácido láctico, lo que las diferencia del bacilo coli.

No son patógenas en el sentido habitual del término, como los agentes patógenos del tifus o la disentería, y en el pasado se les solía considerar poco importantes. No son exactamente idénticos, pero están muy emparentados con estos organismos y pertenecen a su mismo grupo.

Probablemente su número sea inconmensurablemente elevado, tal vez infinito. Es posible estudiar cientos de estos gérmenes sin encontrar dos especies idénticas.

No obstante, podemos clasificarlos en grupos, aunque esto represente una clasificación un tanto grosera, dado que cada grupo incluye una multitud interminable de sub–especies que se diferencian entre sí por detalles minúsculos.

A tal efecto, estas bacterias que no fermentan el ácido láctico se clasifican en los seis grupos siguientes:

Disentería Gaertner
Faecalis alcaligenes Morgan
Proteus Colis mutable

Se agrupan en función de su capacidad de producir la fermentación de diferentes clases de azúcares, para lo cual se han utilizado pocas clases para mantener lo más reducido posible el número de grupos. Cuando se utiliza una vacuna autógena carece de importancia para el tratamiento definir con precisión el organismo, y el organismo polivalente se extiende por un amplio espectro que contiene muchos representantes de cada subgrupo. Por lo tanto, se trata de bacterias que la mayoría de las veces se consideran inofensivas, pero que en realidad son un síntoma de una enfermedad crónica, y, cuando se utilizan correctamente, un remedio contra la misma.

La prueba clínica de su poder curativo es demasiado convincente para dejar paso a la duda, algo sobre lo que volveré enseguida, pero en los laboratorios se van acumulando las pruebas de carácter no clínico que confirman la relación existente entre estos organismos y la enfermedad.

Examinando a diario las heces de un paciente, y registrando en una tabla los porcentajes de organismos existentes, puede establecerse la relación existente entre su estado de salud y la cantidad de bacterias encontradas.

Con el tal porcentaje me refiero a la relación entre el número de organismos anormales que no fermentan la lactosa y el número de bacilos coli presentes. Hablando en términos generales, se considera normal que sólo existan bacterias coli, pero estas bacterias anormales pueden encontrarse en cualquier porcentaje (desde 1 a 100%) en las colonias.

Por la variación que sufre la cantidad de estos gérmenes durante el tratamiento, puede determinarse hasta cierto grado la probable reacción del paciente.

Existe una regla nemotécnica que dice que los organismos encontrados en cada paciente no modifican su especie. Es decir, el grupo Gaertner no parece transformarse en gérmenes del Morgan o del grupo Proteus.

Cuando se examinan a diario las deposiciones de un paciente y se registra el porcentaje existente de bacterias anormales, se podrá constatar que éste no permanece inalterable, sino que aparecen fluctuaciones cíclicas. Puede ser que en un momento determinado no se hallen presentes y que luego aparezcan de improviso y se multipliquen a toda velocidad para volver a disminuir su presencia hasta desaparecer por completo. Los intervalos en los que no hay gérmenes presentes, la duración de la fase positiva en la que se encuentran presentes y el porcentaje máximo que alcanzan varía de un paciente a otro, pero el estado clínico del paciente mantiene cierta relación con la curva de organismos existentes.

Sin embrago, esta relación no se ha investigado aún lo suficiente para poder realizar afirmaciones concretas, ya que existen varios tipos de curva. Pero puedo asegurarles que existe una determinada relación entre el estado de salud y el porcentaje de bacterias, y valga como ejemplo el sobrecogedor resultado que se produce después de una terapia de vacunación, cuando una breve fase negativa se ve seguida de una fase positiva más elevada y larga, algo que ocurre con frecuencia en los pacientes. Hablando en general, podemos decir que en los casos en los que no se produce ninguna alteración del estado normal o una alteración muy pequeña tampoco se produce una reacción tan positiva.

En este terreno aún queda mucho por hacer, y la investigación futura nos deparará fecundos resultados.

Resulta sorprendente la extraordinaria velocidad con que puede modificarse el contenido bacteriano del intestino. Después de que los resultados del análisis de las heces fecales fueran negativos durante semanas, los bacilos anormales pueden alcanzar el 100% al cabo de sólo 36 horas.

Todavía no sabemos cómo se produce este fenómeno. Aún debe investigarse minuciosamente si estos organismos destruyen las bacterias coli normales, si las bacterias coli sufren mutaciones o si es una alteración del medio intestinal del paciente la que provoca la transformación, pero cuando el problema esté resuelto habremos dado un paso muy importante hacia la compresión de la causa de la enfermedad.

Pero sea cual sea la explicación, lo que está demostrado es que la cantidad de estas bacterias presentes en el intestino del paciente está directamente relacionada, desde el punto de vista médico, con su estado de salud en diferentes fases.

Otra característica peculiar es la estabilidad de un determinado bacilo del intestino de un determinado paciente, algo que ya he mencionado antes. Independientemente de la frecuencia con que sea examinado el paciente y de cuál sea su estado de salud, se encuentra durante años el mismo tipo de bacteria. Además, es bastante raro encontrar más de un tipo de bacteria en el mismo paciente, aunque puede ocurrir en un pequeño porcentaje.

Hay determinados síntomas que se presentan con mayor frecuencia en un tipo de bacteria que en otro, y no es improbable que cuando se emprendan ulteriores investigaciones se detecte una estrecha relación entre determinados síntomas morbosos y especies concretas de estos organismos.

Poco importa que estos organismos sean la causa o la consecuencia: se hallan ligados a la enfermedad crónica, y nosotros podemos sacar gran provecho de las vacunas que se obtienen a partir de ellos. Esto es algo que en los últimos 12 años se ha demostrado de forma concluyente.

Anteriormente me he referido al hecho de que la prueba médica de la importancia de este método de tratamiento es suficiente para no dejar resquicio a la duda. Hay que matizar esta afirmación.

Son miles y miles los pacientes que han sido tratados con este método por un número considerable de médicos, tanto con inyecciones subcutáneas como con remedios potenciados. En el 80% de los pacientes se produjo una mejoría, en otros se produjo una ligera mejoría, en la gran mayoría se constató un alivio concreto, y junto a una ingente cantidad de resultados excelentes hubo un 10% que prácticamente rozaba el milagro.

No emito esta afirmación sin contar con años de experiencia e investigación y después de haber observado a miles de pacientes. Y sin olvidar la cooperación de las observaciones y experiencias de médicos de toda Gran Bretaña que confirmarán esta conclusión.

Los pacientes pueden ser tratados con vacunas de estos organismos inyectadas por vía subcutánea, como ha venido practicándose durante años. Es algo que ya no nos ocupa, pero que quisiera traer a colación el libro Chronic Disease, del que podrán extraer nuevos detalles.

Llegados a este punto, quisiera recalcar que con los medios potenciados de organismos muertos podrán obtenerse mejores resultados, y no soy el único que lo piensa.

Estos remedios se llevan usando desde hace unos 7 años, y desde hace 3 han sido utilizados con frecuencia tanto por los homeópatas como por los alópatas. Hay alópatas que han abandonado completamente la aguja.

Existen dos tipos de estas potencias: autógenas y polivalentes. Quisiera explicar este punto. Un medio autógeno significa que se potencia el bacilo de un determinado paciente y que al paciente se le trata con ese mismo medio.

Un medio polivalente significa que se extraen organismos de cientos de pacientes, que después se mezclan y potencian. Ya les he hablado en otras ocasiones de este método de elaboración, cuando había un nosoda del que valía la pena ocuparse con más detenimiento.

El remedio autógeno se utiliza sólo con el paciente del que se han extraído las bacterias, o posiblemente con un paciente que padece una infección idéntica. La polivalente, por el contrario, se fabrica con el fin de tratar al mayor número de pacientes posible.

Para calibrar la utilidad relativa de ambos remedios necesitamos aún mucha experiencia antes de que podamos sacar conclusiones concretas; pero éste es un punto sin importancia, ya que aunque el remedio autógeno muestre un mayor porcentaje de buenos resultados, el polivalente tiene tanto éxito que la homeopatía tendrá que tomarlo en consideración como nosoda complementario, y los resultados serán satisfactorios par todo el que se ocupe del tema (puedo decirlo con total confianza); y aun en el caso de que el remedio no resultara tener éxito, al menos sería un aliciente para intentarlo con el remedio autógeno. Por lo tanto, de esta comparación recogeremos suficiente experiencia para poder sacar conclusiones.

En la actualidad se está investigando ese punto, pero aún pasará tiempo hasta que se puedan hacer afirmaciones concretas Se tiene la esperanza de que, con ayuda de diferentes pruebas, pueda asegurarse cuál será la mejor forma de administración para cada paciente: la polivalente, la autógena o incluso una mezcla de dos o tres grupos de bacterias.

Para que esta conferencia resulte completa, es necesario que llame su atención sobre los detalles precisos de fabricación del medicamento, de manera que cualquier bacteriólogo competente pueda elaborar esas potencias.

Después de un período de incubación de 16 horas se toman muestras de heces. Tras ese período de incubación, los organismos se multiplican en forma de colonias rojas o blancas. Cuando producen la fermentación del ácido láctico mediante la producción de ácido, el ácido reacciona al rojo neutro del medio, con lo que se forma una colonia roja. Si el ácido láctico no fermenta, no se produce ácido, no se produce reacción alguna con el rojo neutro y las colonias son blancas. De ahí que, después del período de incubación las únicas colonias que tienen interés son las blancas.

De las colonias blancas se sacan cultivos, de los cuales se eliminan los pigmentados, y al cabo de 15 horas se producen las reacciones de los azúcares, a partir de las que se pueden clasificar los organismos. Un cultivo se rellena con 2 cc. de agua destilada, se sella y se calienta 30 minutos a 60º C, de forma que se destruyen las bacterias. El líquido se mezcla con lactosa en una proporción de 1:9 gramos o 1:99 gramos de lactosa. Esto produce la primera potencia decimal o centesimal dependiendo de la cantidad de lactosa que se utilice.

Otras potencias se obtienen mezclando en la proporción 1:6 ó 1:12, mezclando una parte de la sustancia original con 6 ó 12 partes de la dilución.

Es necesario prestar un cuidado muy especial en la esterilización de los aparatos, que deben someterse a calor seco de una temperatura mínima de 140º C durante 15 minutos, que es más efectivo que el vapor o el calor húmedo.

Los nosodas polivalentes se elaboran mezclando cultivos procedentes de cientos de pacientes, con los que se llena una botella estéril y después se repite todo el proceso de la potenciación ya descrito.

Yo entiendo que este nosoda no contradice en nada las leyes de Hahnemann. Como remedio considero que tiene un espectro más amplio que cualquier otro medicamento conocido.

Este nosoda es un eslabón que une la alopatía y la homeopatía. Fue descubierto por un representante de la alopatía, y se comprobó que puede armonizarse con los principios homeopáticos.

Les presento estos nosodas como un remedio que merece ser incluido en su farmacopea. Es especialmente útil como remedio fundamental en casos que no reaccionan ante medicamentos normales o para los que no existe ningún remedio indicado, si bien no tiene por qué limitarse a estos casos.

Respecto a este remedio hay mucho por hacer todavía. En este momento se están realizando experimentos para averiguar si los organismos son la causa o el efecto del estado de salud del paciente.

El nosoda que les presento hoy se ha ensayado tanto en América como en Alemania, y en Alemania lo ha utilizado un número de alópatas considerablemente mayor que de homeópatas. Algunos alópatas que han tenido durante años buenos éxitos con la inyección subcutánea, se han pasado de la aguja a la dilución.

Creo que la correcta aplicación de este nosoda radica en considerarlo un remedio fundamental. No pongo en duda que los mejores resultados se obtengan cuando a la administración del nosoda le sigue un tratamiento homeopático en el que se traten los síntomas con el remedio correspondiente.

El nosoda puede suprimir en mayor o menor medida las causas efectivas y profundas de la enfermedad. Por decirlo de alguna forma, limpia al paciente hasta que se presenta un síntoma concreto, a raíz del cual puede encontrarse el igual adecuado, y el paciente reacciona mucho mejor al medicamento adecuado. Por excelentes que puedan ser los resultados alcanzados por los alópatas, este nosoda debería tener un éxito aún mayor si fuera utilizado por un homeópata.

Me gustaría sugerirles que hicieran un experimento con los nosodas, aplicándolo en casos en los que haya fracasado otro tratamiento y en aquellos en los que no exista ningún indicio claro del remedio. Estoy convencido de que bastará que prueben el nosoda una sola vez para comprobar lo valioso que resulta.

No me he ocupado con más detalle del remedio autógeno porque sé que estarán más abiertos a aceptar como nosoda el remedio polivalente. Cuando se administran vacunas por vía subcutánea es casi imprescindible utilizar una sustancia autógena para obtener buenos resultados. En este caso el 95% de los pacientes reaccionan mucho mejor a su propia vacuna, y sólo aproximadamente el 5% reacciona de forma más clara a la sustancia polivalente. Pero en el caso de esta dilución, aún es demasiado pronto para realizar una afirmación semejante, y por eso en muchos casos tengo la tendencia a valorar más el éxito de la sustancia que el de la autógena, ya que si mayoritariamente el éxito de ambas es igual de bueno, probablemente siempre existirán determinados pacientes que sólo reaccionarán a un nosoda que se haya obtenido de su propio organismo.

El nosoda, el remedio obtenido de la sustancia original de la enfermedad, precedió a la bacteriología y a la vacuna. Pero la relación entre ambas es evidente. Como pionero de la utilización médica de la enfermedad para curar la enfermedad, les ofrezco un remedio que en mi opinión se revela eficaz en la más causal de todas las enfermedades, concretamente en la intoxicación intestinal que ya profetizó y bautizó el genial Hahnemann. Al pensar que puedo explicar con más claridad que él, la naturaleza de esta enfermedad, no le arrebato ni un ápice su gloria; más bien creo estar continuando su obra, rindiéndole el tributo que hubiera deseado.


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Cuadro síntesis: Emociones y Flores armonizadoras



Tipo de
Emo ciones
Emociones y sentimientos a dominar
Flor de Bach original
Emociones positivas



MIEDO
Miedo, nerviosismo inexplicable.


Miedo a cosas conocidas: muerte, accidente, volar, ..

Miedo de perder el control del comportamiento al borde de una crisis nerviosa.


Excesiva preocupación por los demás, especialmente por familiares.


Terror, miedo extremo, pánico. Pesadillas.
Aspen: álamo temblón.

Cherry Plum: Cerasífera

Mimulus: mímulo.


Red Chesnut: castaño rojo.


Rock Rose: heliantemo.
Seguridad. Intrepidez y apertura.


Calma, acción racional, lucidez.


Valentía, capacidad para enfrentarse a las dificultades con seguridad y humor.


Preocupación correcta. Tranquilidad en casos de emergencia.



Calma, valentía



INCERTI-DUMBRE


Dudar del propio juicio, búsquedq del consejo de otro antes de actuar.

Desaliento ante pequeños contratiempos, fácilmente deprimido y desanimado.

Desesperanza, pesimismo, negatividad.


Cansancio, fatiga mental, duda de la capacidad para cumplir con las tareas.

Indecisión, duda, humor variable.



Insatisfacción vital e incertidumbre por el camino a seguir
Cerato: Ceratostigma


Gentian: Genciana.


Gorse: Aulaga.


Hornbeam:
Hojarazo.

Scleranthus: Scleranthus.

Wild Oat: Avena silvestre
Confiar en su intuición. Seguridad en sí mismo.


Optimismo, confianza, perseverancia.


Fe, esperanza. Vitalidad. Certidumbre.


Vitalidad. Capacidad para enfrentarse


Determinación. Capacidad de elegir y actuar con rapidez, equilibrio y serenidad.

Ambiciones positivas, habilidad para decidir el camino a tomar en la vida.



FALTA DE INTERÉS

POR EL

PRESEN
TE
Incapacidad para aprender de los errores pasados

Deseo de evadirse de la realidad, ensoñación.


Vive en el pasado, nostalgia, añoranza.


Profunda tristeza sin causa conocida


Falta de energía. Agotamiento total mental y físico.

Pensamientos recurrentes, obsesivos, no deseados. Discusiones mentales.

Resignación, apatía, pasividad, fatalismo.
Chesnut Bud: brotes castaño

Clematis: Clemátide

Honey
suckle: 
Madreselva


Mustard: mostaza


Olive: olivo.


White Chestnut: Castaño de Indias

Wild Rose: rosa silvestre.
Capacidad de aprendizaje de la experiencia propia y de los demás.

Alegría de vivir. Interés por el mundo real.


Vive presente. Avanzar en la vida sin lamentos.


Paz interior.




Vitalidad. Restauración de la energía. Interés por la vida.

Paz mental.  Pensamientos positivos.


Interés e iniciativa para realizar cambios. Iniciativa.


SOLE DAD
Hablador compulsivo, centrado en sí mismo, detesta la soledad.

Impaciente, irritable, debe hacerse lo que él quiere.

Orgulloso, reservado, a veces distante, solitario.
Heather: Brezo.


Impatiens: impaciencia



Water violet: violeta de agua
Participa con los demás. Tolerante. Ayuda,escucha con desinterés 

Empatía, apertura.


Abierto a los demás. Comprensión y empatía.


HIPER SENSIBILI DAD AL ENTORNO
Esconde sus preocupaciones bajo una máscara alegre

Voluntad débil, no sabe decir no, siempre quiere agradar

Odio, envidia, sospecha, celos, cólera.

Necesidad de protección ante cambios e influencias externas.
Agrimony (Agrimonia)

Centaury (Centaura menor)

Holly (Acebo)


Walnut  (Nogal)
Optimismo real, acepta sus cualidades y defectos

Defiende y expresa su voluntad; da pero con sensatez.

Generosidad, compasión, comprensión.

Adaptación al cambio. Autovaloración e identidad frente a las influencias.








Desá
nimo
 y de
sespe
ranza
Mala imagen de uno mismo, vergüenza, suciedad física o mental.

Sentirse desbordado por el trabajo y las responsabilidades

Falta de confianza en sí mismo. Sentimiento de inferioridad. Miedo al fracaso.

Profundo sentido del deber. Aún exhaustos siguen  adelante obstinadamente.

Culpabilidad. Remordimientos. Sentirse responsable de todo.


Consecuencias de un shock nervioso y/o accidente. Mala noticia repentina. Duelo.


Profunda desesperación y angustia. Haber llegado al fondo. Sentimiento de abandono.

Autocompasión. Sentimientos de injusticia. Resentimiento, angustia.
Crab appel Manzanosilvestr

Elm (Olmo)


Larch (Alerce)


Oak (Roble)


Pine (Pino silvestre)


Star of Bethle hem (Leche de gallina)

Sweet Chestnut
(Castaño Dulce)

Willow (Sauce)
Aceptación de sí mismo con sus imperfecciones.


Seguridad, eficiencia, confianza en sí mismo


Perseverancia. Determinación. Confianza en sus competencias.

Valentía. Paciencia. Tomar tiempo para uno mismo.

Equilibrio. Alegría de vivir. Aceptarse y respetarse. Juicio claro.



Liberación de las tensiones, tristezas, …consecuencias de un shock. SPT.


Liberación. Sensación de apoyo interno.


Olvido y perdón. Alegría de vivir.

Sen
Sibi
lidad 
hacia los demás
Crítica. Intolerancia. Arrogancia.


Amor posesivo. Dar para recibir. Sobreprotección.

Duro con uno mismo. Inflexibilidad. Sacrificio.


Exceso de entusiasmo. Rebelde contra las injusticias. Nervioso.

Autoritario. Intransigente. Ambicioso. Dominador. Inflexible.
Beech (Haya).
Chicory 

(Achicoria)

Rock wáter.  (Agua de Roca)

Vervain (Verbena)

Vine (Viña).
Indulgencia. Comprensión. Tolerancia.



Generosidad. Entrega. Amabilidad.

Flexibilidad. Autoindulgencia.


Moderación. Tolerancia. Capaz de relajarse.


Respeto hacia los demás. Autoridad sabia y comprensiva.